Tener hijos es un cambio. Al mismo tiempo son una responsabilidad y es bonito. Mis hijas me han cambiado mucho la vida. Son mi motivación. Cada mañana que las miro me dan la fuerza necesaria para seguir trabajando.
Tuve diez años en la selección de Honduras y hace dos años me retiré. No estuve presente durante el nacimiento de Ananda porque estuve con la selección. El cumpleaños de cinco años de Ananda fue el primero que pude asistir, los cuatro primeros años no estuve por el trabajo. Pude cumplir el sueño que tenía de ver a una de mis hijas nacer (el nacimiento de Megan), gracias a Dios.
Yo no conocí a mi Papá. Sólo sé que murió cuando yo tenía 13 años. Él tenía otra familia y nunca lo conocí. No quiero que mis hijas pasen por lo que yo pasé. Tuve a mi mamá y a mi abuela que fueron padre y madre a la misma vez, entonces estoy agradecido con Dios por eso. Crecí con mi abuela, mi mamá iba a trabajar como cocinera y la que me cuidaba era mi abuela. Tenemos una muy buena relación.
La navidad pasada fui a La Ceiba y conviví con todos mis amigos de la niñez. Ya que estoy grande los miro y nos recordamos los lindos recuerdos que tuvimos en la niñez de cada uno de nosotros. Se sienten muy orgulloso de lo que he hecho y es muy agradable ver a la gente con quien creciste.
Cuando estuve allá, compré pan, Coca-Cola y comida y lo repartí con la gente. Me hizo feliz compartir con la comunidad porque habían momentos que no tenía esas cosas.
Creo que estoy muy bendecido estar en esta posición. He llegado donde estoy por mi humildad y por la confianza que he tenido.